En la segunda década del siglo XX se buscaron valores identitarios para la construcción de la nación, y con ella vino también el cuestionamiento por parte del mundo de las artes y la música sobre el papel que tenían dentro de este proyecto, problematizando cuestiones como: el rescate de la mexicanidad frente a la influencia europea, y su democratización más allá de la esfera elitista a la que se les había relegado, estableciendo un compromiso con la sociedad de su tiempo.
Haciendo un recorrido histórico sonoro desde las poblaciones originarias que habitaron la región, hasta el surgimiento del Estado Nación mexicano moderno, la música ha tenido siempre un papel principal como medio de cohesión social.
¿Cuáles son las características de la música nacionalista? ¿Quiénes sus principales exponentes? ¿Qué papel jugó la música en la construcción de la identidad nacional del mexicano y qué tanto de ésta identificación sobrevive hasta nuestros días?. Roberto Barnard , Doctor Artes Musicales y Composición, por el Centro de Graduados de la Universidad de Nueva York, compositor e investigador del CUAAD y especialista en Silvestre Revueltas, nos acompaña en este programa para responder a estas preguntas.
A pesar de que la música prehispánica es imposible de recrearse de manera exacta e inequívoca debido a la ausencia de notaciones musicales de la época, existen algunos recursos que nos permiten acercarnos a conocer ésta práctica, como son las referencias en textos antiguos; representaciones en murales o vasijas en los que se aprecia la utilización de instrumentos musicales como trompetas, tambores, sonajas o caparazones de tortuga, de esta forma podemos conocer la concepción de la música para las culturas precolombinas, la cual tiene un origen divino y una gran carga simbólica, lo que la colocaba en un lugar privilegiado como un vehículo de comunicación con lo sagrado.
Algunas investigaciones de recuperación de la memoria musical de estas culturas se han dado a la tarea de tocar y grabar los sonidos que emiten los instrumentos antiguos o réplicas de éstos, para estudiar sus tonos y texturas, lo que nos ayuda a tener una aproximación de cómo era la música en Mesoamérica antes de la llegada de los españoles. Un buen ejemplo es el trabajo realizado por nuestros invitados, Ernesto Cano Lomelí, etnomusicólogo, compositor, maestro en Ciencias Musicales y profesor investigador de tiempo completo adscrito al Departamento de Música del Centro Universitario de Arte Arquitectura y Diseño, de la Universidad de Guadalajara y desde hace veinte años ha incursionado en la ejecución de instrumentos musicales de origen mexicano antiguo, y Cristóbal Durán Moncada, quien fue becado por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes por un proyecto de investigación Instrumental musical prehispánico en el sur de Jalisco, tiene una amplia experiencia en el estudio de la música y la danza indígenas, así como en la elaboración y ejecución de instrumentos musicales autóctonos.
Frente a un futuro en el que se prevén el incremento de fenómenos naturales, accidentes tecnológicos o ataques violentos, se vuelve evidente y urgente la necesidad de desarrollar una cultura de la protección civil y la prevención de desastres, que nos ayude a contar con la preparación necesaria para hacer frente a estas amenazas. Precisamente la educación se vuelve el centro idóneo para reforzar las acciones de prevención, mitigación y reconstrucción ante situaciones de riesgo.
Un estudio realizado por especialistas en educación a raíz de las explosiones de Guadalajara en abril de 1992, puso de manifiesto que en la mayoría de las escuelas visitadas se informó que las disposiciones formales por parte de la SEP para realizar actividades de prevención y seguridad escolar se había limitado a distribuir folletería, un paliativo que se queda corto ante desastres que pueden derivar en terribles tragedias aunadas a la negligencia e inexperiencia; como en el caso inaudito de la Guardería ABC de Hermosillo Sonora en la cual las deficientes instalaciones se volvieron una trampa mortal para 49 menores de edad, o el año pasado el Colegio Rébsamen que debía haber sido clausurado por irregularidades y colapsó durante el sismo, pereciendo entre sus escombros 19 niños y 7 adultos.
Si retomamos lo vivido y aprendemos de los eventos del pasado, en los espacios educativos se pueden introducir conocimientos que pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte; y que lleven a adquirir comportamientos que nos permitan estar más preparados y responder mejor ante posibles desastres.
¿Cómo se ha avanzado en materia de educación y prevención en las aulas? ¿Se puede desde la niñez fortalecer la prevención y contribuir a reducir los índices de desastres en casos de emergencia? ¿Existen suficientes recursos humanos, materiales y financieros dentro del sector educativo destinados a las actividades de protección civil?. Responden a estas preguntas German Pinto Aceves, especialista y Consultor en Gestión Integral del Riesgo de Desastre, y Carlos Suárez, Lic. En Geografía, UdeG. Maestro en Ciencias por el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, BC.
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Los desastres de origen antrópico se mantienen latentes a nuestro alrededor
¿Quién no ha escuchado mentar la desolada ciudad de Chernóbil en Ucrania? un ejemplo del caso más atroz y funesto de nuestra época. Tras una falla en la planta nuclear, en este lugar fueron liberadas 500 veces más materiales radioactivos que los que impactaron Hiroshima en la segunda Guerra Mundial, provocando la muerte de aproximadamente 200 mil personas ya de manera inmediata o a raíz de las deformaciones y cánceres que presentaron las generaciones subsecuentes.
En nuestro país se han vivido también algunas escenas dantescas relacionadas con diversas sustancias y su mal manejo, escasa cultura de prevención y un seguimiento deficiente de protocolos de protección civil. La minería es una de las actividades que mayor impacto ha supuesto para la vida de humanos, animales y plantas, siendo además una de las que presenta más incidentes. Por otra parte, algunas de las tragedias más dolorosas que se recuerdan como la de San Juan Ixhuatepec o el 22 de abril en Guadalajara, han estado relacionadas con la fuga de hidrocarburos.
Por otra parte, de acuerdo con datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en nuestro país ocurren anualmente más de 550 mil accidentes laborales, lo que supone 63 percances cada hora. El año pasado hubo mil 408 defunciones por riesgo de trabajo y 27 mil personas perdieron una parte de su cuerpo. Aunque se considera que existe un subregistro del 40% en accidentes y del 90% de las enfermedades; más los ocultados por los empresarios, que especialistas señalan son del 65% a nivel nacional. Y esto sin contar con el hecho de que 6 de cada 10 mexicanos –cerca de 30 millones de personas- tienen empleos informales, lo cual supone que no cuentan con seguridad social para su atención médica o indemnización en caso de accidente.
¿Qué hace que las empresas y servicios presenten más incidentes y desastres que los originados por la naturaleza? ¿Cuáles son las obligaciones del sector privado en materia de seguridad de los trabajadores y de protección civil? ¿Cómo se pueden prevenir los incidentes y desastres en los giros industriales, comerciales y de servicios?
German Pinto Aceves, Especialista y Consultor en Gestión Integral del Riesgo de Desastre quien colaboró durante 24 años en el Sistema Estatal de Protección Civil del Estado de Jalisco, y el Consultor e Instructor en materia de Protección Civil, Marcos Vielma Sandoval, nos acompañan en este programa para ahondar en el tema.
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El devastador terremoto de 1985 fue un parteaguas que detonó cambios estructurales en las políticas públicas para mejorar las capacidades de reacción a la altura de los desastres que se pudieran presentar; con este objetivo se creó el Sistema Nacional de Protección civil, con la intención de hacer una gestión integral de riesgos que reuniera a los profesionales responsables de las unidades de coordinación y respuesta ante emergencias, la investigación científica, los sistemas de alerta temprana y del financiamiento de las actividades de reconstrucción.
Sin embargo a pesar de que El Manual de Organización y Operación del Sistema Nacional de Protección Civil brinda en cierta medida claridad sobre las funciones y las responsabilidades de los diversos actores involucrados en la protección civil, carece de especificidad sobre cómo deben coordinarse, por una parte, y por otra a solventar retos que no solo los llevan a enfrentar las consecuencias directas de la naturaleza, sino de la negligencia humana.
¿Qué tanto se ha avanzado en las capacidades de planeación, respuesta, recuperación, y prevención de riesgos en el país? ¿La sociedad mexicana está mejor preparada para resistir y recuperarse de un desastre? Héctor Gerardo Topete Tovar Director General de Protección Civil y Bomberos, junto con Carlos Suárez Plasencia, Lic. En Geografía, UdeG. Maestro en Ciencias por el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, se ponen tras los micrófonos de Diálogos del Pensamiento para hablar de este tema.
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En los últimos dos sexenios se han acumulado cerca de 250 mil muertes y más de 30 mil
desapariciones. Un dato aún más sombrío: quienes más mueren y quienes más desaparecen en este país son las y los jóvenes. De hecho, Jalisco aparece entre los primeros lugares como una de las entidades en donde existen mayores riesgos para este sector de la población. El Estado ha sido rebasado puesto que no logra cumplir una de sus funciones más básicas: garantizar la seguridad de su ciudadanía. Se ha puesto al límite la vigencia del andamiaje institucional en nuestro país y ha generado entre la sociedad tanto una sensación de vulnerabilidad e incertidumbre; como una oleada de indignación y de justa rabia.
En este programa parte de una jornada especial por los desaparecidos en México de la mano de los programas Multiverso 360 y Territorios, nos acompañan Humberto Darwin Franco Migues, Maestro en Comunicación y Comunicador y periodista de distintos medios nacionales donde trabaja temas de telecomunicaciones y medios, además de aquellos vinculados con la violencia social y las desapariciones forzadas, y Ximena de Santiago Ramírez, Estudiante Licenciatura en Comunicación Pública UdeG, quien trabajó junto con otros compañeros de Comunicación Publica en la elaboración de un mapa y perfil de mujeres desaparecidas en la ZMG.
¿Qué podemos hacer ante un horizonte que se presenta cuando menos como ominoso? ¿Cómo canalizar la desesperanza y el desasosiego? ¿Cómo hacemos para convertir este dolor en exigencia de justicia? No son tres. Somos todos y todas.